1 dic 2014

Ensayo sobre el tiempo

¿Qué es el tiempo? ¿Cómo se mide su existencia? ¿lo marca el reloj?, ¿los hechos que transcurren? ¿La necesidad de distancia? ¿Qué tipos de tiempos existen? ¿Los que imponen la sociedad? ¿Los que transcurren por nuestros huesos? ¿El tiempo es aquella electricidad que te sacude de manera imprevista y súbita? ¿Es una electricidad que ocurre de manera repetida con el paso de los años? ¿Dónde transcurre el tiempo? ¿En una mente que no ha pensado en su debilidad y que juega a traducir sus pensamientos en palabras? Lo materializamos en la libertad de saber que el tiempo es uno, en la dimensión que sea y se traduce en la esclavitud social que impone la masa: el tiempo como reloj, como vejez, como límite propio. Muchas veces lo definimos como un producto de nuestra mente, como una barrera para que la carne dure más en el frigorífico de la razón. Para que la piel subsista un poco más, bombeando al corazón con un tic tac. Jacques Riviére en una carta a Antonin Artaud escribió que el único remedio a la locura es la inocencia de los hechos. ¿Ignorar el tiempo como hecho nos haría más cuerdos? ¿O convendría entregarnos a la posibilidad de tener que medir todo con la vara de la cronología hasta volvernos completamente locos? Pensar el tiempo como: forma de exclusión, terror de la soledad, como materia de reloj, de abstracción y forma de amar. Como ausencia y cobardía, iniciativa que provoca escupitajos a la razón y desnuda una forma de expresión. El Tiempo sin tiempo es una suerte de excusa que se propaga y avanza continuamente hacia todas las direcciones de nuestras venas. Asesina a nuestros instintos, nos deja inmóviles, nos arranca de un tirón la naturaleza de simplemente transcurrir con nuestros deseos más subterráneos. El tiempo no existe ni como definición, ni como abstracción, ni como reloj, sin una conciencia que se permita dominar por las arrugas que la piel quiere evitar. El tiempo como prueba de existencia, abarca las mentiras de nuestra psiquis, y lucha contra todos nuestros asesinos, que están escondidos en lo más recóndito del miedo a simplemente no existir.

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