Toco tu boca y la recorro de manera caprichosa,
mordiendo cada surco, cada expresión.
Mi retina se paraliza ante tus ojos
y comienzo a blasfemar los trazos de tu cuerpo.
Me recuerdo profanando tu templo
besando cada sudor, cada pausa.
Y me hierve la piel, el solo pensar
que tus manos me poseyeron como serpientes sin cascabel
despacio, silencioso,
despertando un hambre voraz en el último suspiro.
Y así, me muero en vos,
esperando más de tu mordida, más de tu veneno......
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