Mientras los ruidos de la calle se avecinan a nuestra habitación,
puedo sentir el vacio de la presión que dejó tu soledad.
No sé cómo construir los muros que me separan de la estúpida idea de que vas a volver.
Agarro una copa y la destruyo de un apretujón, que entiende de dolor cuando se da cuenta
de que no hay corte que silencie a los demonios de tu ausencia.
El cigarro va dibujando las formas perpetuas de lo inevitable,
la duda misma de lo que seré sin vos.....
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