24 mar 2009

24 HORAS

Yo crecí en un país en donde las abuelas circulan con pañuelos en la plaza, donde las cacerolas se usan para algo más que cocinar, donde la democracia se disfraza de promesas mientras desaparecen aquellos que tienen voz y no pueden gritar.
Yo ví morir a miles de ideales, fui testigo de cómo las calles se volvieron piedras del olvido y observé las marchas de aquellos q sueñan con aparecer.
Los caminos del destino que muchas veces dibujé en mi cabeza, resultaron ser construcciones demasiado filosóficas para una ciudad que importa rostros al azar.
No suelo jugar con el pesimismo, ni con los formalismos, las teorías apocalípticas son demasiado realistas para mi gusto, prefiero detenerme en un café con sabor a poesía y agilizar el oído con los sonidos de aquellos que viven.
La política, como dicen, es el arte de lo imposible, más bien creo yo, que con los años, se ha encargado de hacer las cosas imposibles y de morir en un arte que no tiene pinceladas de aquello que entrañablemente soñamos: la verdad.
Yo nací cuando la democracia germinaba nuevamente en nuestras conciencias, cuando las artes desfilaban por las calles, cuando los teatros, los adoquines, estaban adornados de sueños, música y de las imágenes de ese arte, de esa pasión por simplemente ser.
Sentí la opresión del capitalismo, fingí no darme cuenta del uno a uno, supe quién lo hizo, y me arranqué la piel de un solo tirón al sentir el saqueo de la ilusión, al ver la huída por los cielos de aquel cobarde que dejó a una nación tras las rejas de la bronca.
30.000 ausentes y miles de anónimos, marcan las horas en el reloj, ese tiempo que no pasa y que resulta un callejón empedrado de sombras, pañuelos, denuncias, verdades e innumerables mentiras.
Cuando las armas tomaron el poder, se olvidaron de que el fusíl podía desarmar al corazón, pero jamás a la idea. Vivir entre la gorra, el cañón y las rejas no bastó para callar a aquellos que siempre soñaron con una sociedad más justa.
Me engañaron, me dijeron que la justicia existía, que el perdón era suficiente, que el estado velaba por la seguridad de todos, yo creía que esas cosas eran posibles, pero ahora son solo conceptos que marcan mi retina cada vez q veo a mi país llorar por la historia, que repetidas veces siembra las nociones del error. Sin embargo, tenemos 97 razones para creer que es posible el cambio, 97 razones recuperadas, en una lucha que habla de algo más que el paso del tiempo, la rebeldía de no bajar los brazos y de soñar con ese rostro, con esa pérdida que un día apareció tras un acto de amor, de resistencia y coraje.


Sin Olvido, sin Perdón.
Autora: F.Ojeda

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Haga una cosa : libéreme de la "obligación" de tener que opinar en este tema . No quiero que sea este , el primero , un motivo de discusión entre nosotros . Simplemente le dejaré conocer que tengo algunos puntos en contacto con lo que manifiesta y otros que no lo son tanto .
Lo único que quería , por ahora , es pasar y dejar mi firma . Planeo leerla tan a menudo como pueda . Y espero que su pluma siga tan atractiva como ahora .
Saludos .

Sgt.Pepper

Musa y arte dijo...

Estimado Sgt.Pepper, lo libero de esa obligación, es más no tiene ud obligación alguna, es libre de opinar lo que más guste, eso ya lo sabe. Gracias por pasar por mi blog, me agrada que coincida en algunos puntos conmigo y difiera en otros, me resulta enriquecedor.
Muchos Saludos!.